Calabria – 01:16 AM. El vehículo blindado avanzaba entre la niebla espesa de la madrugada, devorando la carretera como un depredador cansado pero aún peligroso. Dentro, el silencio era una criatura viva. Nadie hablaba. Nadie se atrevía siquiera a respirar demasiado fuerte. El aire estaba cargado de pólvora invisible y pensamientos no dichos.
Svetlana iba en el asiento trasero, con la mirada clavada en la ventanilla. Su reflejo, proyectado en el cristal empañado, no era el de una mujer que acaba