La llamada llegó a las siete de la mañana.
Damien tenía el café sin tocar sobre el escritorio y los archivos de Ariadna abiertos frente a él cuando sonó el teléfono. No era la línea del consultorio. Era la personal, la que muy pocos tenían, y el nombre que apareció en la pantalla lo hizo quedarse inmóvil un momento antes de responder.
Irina Voss.
La directora de Mnemosis no llamaba. Convocaba. Enviaba correos con lenguaje institucional y reuniones programadas con tres días de anticipación. Que