La primera cosa que Damien colocó sobre la mesa fue el video.
No lo reprodujo de inmediato. Lo dejó ahí, en la pantalla congelada en el primer fotograma, mientras alineaba a su lado las evaluaciones, los registros de sesión, los archivos de hospitalización que había conseguido con una llamada que le costó más de lo que esperaba. Los documentos formaban una especie de geografía sobre el escritorio: montañas de papel con sus propias elevaciones, sus propios valles, sus propias zonas de sombra.
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