La sesión dieciocho comenzó con una instrucción escrita en papel.
Damien la había preparado la noche anterior, sentado en su escritorio con la lámpara encendida y la ciudad apagada al otro lado del cristal. Había escrito y borrado tres versiones antes de quedarse con esa: una sola oración, sin subordinadas, sin margen para la interpretación. El papel estaba sobre la mesita auxiliar cuando Ariadna llegó, y ella lo miró sin tocarlo durante los primeros cuatro minutos de sesión, como si supiera qu