Capítulo 80: Era su nieta.

Por primera vez en mucho tiempo, Nicolás Cancino sintió miedo.

No miedo a la verdad, sino a lo que esa verdad pudiera significar.

¿Y si la niña era sangre de su sangre?

¿Y si su familia, su apellido, su legado, estaban manchados por un secreto que había viajado escondido en el coche de un hombre muerto?

Cerró los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo del asiento.

—Dios mío —susurró con voz cansada—. ¿En qué momento empezamos a pudrirnos por dentro?

Encendió el motor y volvió a la carretera
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