Capítulo 51: Su Propio Espacio.
Caminó hasta la habitación de su hija. La cama estaba vacía, las sábanas dobladas con cuidado, y sobre la almohada quedaba solo el perfume tenue del jabón de Lía. En la cuna, un espacio en silencio, donde antes solía respirar la niña.
Entonces lo entendió.
Lía se había marchado.
No había nota, ni explicación, ni rastro de adiós. Solo el vacío.
Ceida se sentó en el borde de la cama, con las manos temblorosas. Al principio quiso convencerse de que era un impulso, que su hija volvería en cualqui