Capítulo 104: Pintar era su escape.
En la habitación contigua, Ceida se dejó caer sobre la cama, con las manos cubriéndose el rostro. Las lágrimas brotaron sin control, profundas, desgarradoras.
Su mente era un torbellino: imágenes de Augusto, el accidente, las mentiras, la bebé, y ahora, su hija casada con un Cancino.
—¿Qué hiciste, Lía…? —susurró entre sollozos—. ¿Qué hiciste, hija mía?
Pasaron varios minutos antes de que la puerta volviera a abrirse. Ceida, todavía con los ojos hinchados, salió al pasillo y caminó hasta la s