La puerta de la oficina seguía entreabierta, y el silencio era tan profundo que se podía oír el tic-tac del reloj sobre la pared.
Nicolás sostenía a Lucía en brazos, mientras todos seguían paralizados, intentando entender lo que acababan de presenciar.
Entonces, se escucharon pasos apresurados en el pasillo.
El sonido de unos tacones resonó con fuerza, acercándose cada vez más.
Y antes de que alguien pudiera reaccionar, la puerta se abrió de golpe.
Lía apareció en el umbral.
El cabello ligerame