—Sí —Respondió Ariadna. Connor la vio con sorpresa. Sin duda tenía algunas preguntas. Pero ella solo diría lo más importante—: Connor, él es Alexander, mi esposo.
Alexander le extendió su mano y le sonrió. Se sentía tan bien cuando ella lo presentaba como su esposo. Pero nada había igualado aun, lo que sintió aquel día en el yate cuando ella le dijo que lo quería. No era lo mismo como si le dijera que lo amaba, pero se conformaba con eso, por ahora. Ninguno de los dos mencionó el asunto después