Daniela no solía quebrarse fácilmente. Había aprendido a contener sus emociones, a guardarlas en lo más profundo y seguir caminando, aunque todo dentro de ella gritara por rendirse. Pero era muy diferente, y no se trataba de cualquier persona.
Melissa estaba preparando café, vestida con su pijama de algodón y el cabello recogido en un moño desordenado. Daniela no podía dejar de asombrarse nunca con su belleza, su luz era tan natural y tan plena que, no quería quitar los ojos de ella, ni dejar