Daniela se despertó lentamente, sintiendo primero la calidez de las sábanas de seda y luego el peso firme de un brazo masculino sobre su cintura. Entonces, su respiración se detuvo por un instante.
Víctor.
Giró levemente la cabeza y lo vio allí, dormido… o al menos fingiendo estarlo, con el ceño relajado y una expresión de satisfacción que le estremeció el pecho.
El recuerdo de la noche anterior volvió como una corriente eléctrica recorriendo su cuerpo. Y su pecho se agitó enseguida.
No podía c