Daniela caminó tras él en silencio, sintiendo la fuerza de su mano, envolviendo la suya mientras cruzaban el pasillo. Subieron un par de escalones hasta llegar a la terraza del segundo piso y Víctor abrió la puerta de cristal, y el aire fresco le azotó el rostro.
La vista era espectacular. Desde allí, se veían las colinas verdes y la ciudad a lo lejos. Pero Daniela no podía disfrutarla.
Estaba tensa. Ansiosa.
Víctor soltó su mano y se apoyó en la barandilla de hierro forjado. Encendió un cigarr