La noche anterior, los mellizos no podían conciliar el sueño. Sus mentes estaban ocupadas con un solo pensamiento: al día siguiente conocerían a su verdadero padre. ¿Cómo sería? ¿Qué sentirían al verlo? Se intercambiaban preguntas en susurros, bajo las cobijas, con la emoción y el miedo revoloteando en sus corazones.
—¿Cómo crees que sea?
Y Mateo negó.
—Pues, no como mi tío Javier, sino, ya mamá, fuese su novia.
Adriano se rio bajo.
—Estoy muy emocionado… —Y Mateo lo miró.
—Yo también…
—Chicos