Alexa miró a su esposo con la expresión más dulce que podía ofrecer. Tomó el firme rostro de Devan entre sus pequeñas manos, obligándolo a mirarla directamente a los ojos.
—Nadie volverá a hacerme daño, Devan, mientras estés a mi lado —dijo Alexa con absoluta convicción. Su voz sonaba tan serena que transmitía una profunda calma—. Sé que quieres protegerme, pero tampoco quiero que cargues tú solo con el peso de este odio. Si en el fondo de tu corazón todavía sientes compasión por Ronan, no pasa