En el interior del lujoso despacho de su mansión, que ahora estaba impregnado de un ambiente de ansiedad, Daniel Alistair caminaba de un lado a otro con la respiración agitada.
El sudor frío le recorría las sienes. En una esquina de la habitación, el televisor de pantalla grande transmitía las noticias del tráfico de aquella mañana, informando sobre el accidente ocurrido en una intersección la noche anterior.
—...un camión de carga embistió el lujoso vehículo de un alto ejecutivo de DEV. Group.