Daniel tragó saliva con dificultad al ver a Devan entrar con paso firme en el garaje, a pesar de que todavía llevaba la venda alrededor de la cabeza.
Un silencio aterrador envolvió el garaje subterráneo. Los pasos de Devan resonaban pesados y acompasados contra las frías paredes.
Detrás de él, Mike y decenas de guardaespaldas corpulentos permanecían alineados, formando un muro humano que bloqueaba por completo cualquier posible vía de escape.
Daniel permanecía inmóvil, con el cuerpo temblando v