El empleado de limpieza asintió con cortesía, sin borrar la amable sonrisa de su rostro.
—Solo me pidieron que le entregara esto personalmente, señorita Eleanor. Por favor, acéptelo.
—Pero... ¿de parte de quién? De verdad no he pedido comida ni le he encargado a nadie que me compre nada —respondió Eleanor con educación, incómoda ante la idea de aceptar algo cuyo origen desconocía.
—No lo sé con certeza. Yo solo recibí la orden de entregárselo. Con permiso.
El hombre la interrumpió con rapidez.