Leandro apretó con aún más fuerza, casi a punto de romperle la mandíbula de Luna. El dolor hizo que el sudor frío brotara en su frente. La voz del hombre era extremadamente fría:
—No seas desagradecida. ¿Crees que con tus habilidades puedes influir en la opinión pública? Si te atreves a lastimar a Celia, puedo silenciar todos los comentarios fácilmente. Pero tú, si me llevo a Sía, ¡nunca más podrás volver a verla!
Luna soportó el dolor agudo. Sía sería su punto débil en esa batalla posible. Una