—¿Me recuerda? Soy Leo Jiménez, asistente personal del señor —le explicó Leo.
Antes, frente a la entrada del club, Luna había estado casi empapada por la lluvia. Ahora, con el viento frío, no pudo evitar abrazarse con fuerza.
Leo estaba a punto de quitarse el saco y ofrecérselo, pero Luna lo detuvo:
—No hace falta. Dile que el día que muera, volveré a rendirle homenaje.
—Pero, señorita, si no regresa, ¿qué debemos hacer con la empresa y la herencia?
Leo mostró una expresión de reocupación. Debid