Ricardo se quedaba atónito; la mujer frente a él era deslumbrante. Su rostro delicado, con cejas arqueadas y ojos brillantes, capturaba la atención de inmediato. Su piel era tan blanca como la nieve, y su figura, de proporciones perfectas, emanaba una seducción y sensualidad inigualables.
A pesar de llevar un traje blanco de trabajo y no estar maquillada, su belleza era innegable. Los otros hombres también estaban embelesados, sus ojos fijos en ella.
—Es la mujer enviada por Luna Financiera para