La noche cayó. Dentro del bullicioso bar, el ruido era ensordecedor, las luces de neón parpadeaban y la música a todo volumen hacía vibrar el ambiente. Hombres y mujeres se movían frenéticamente en la pista de baile.
Rafael estaba reclinado en el sofá. Una chica al lado intentó acercarse, pero el fuerte olor de su perfume le hizo fruncir el ceño. Con un gesto de la mano, la despidió. No sabía por qué, pero se sentía aburrido. Antes, disfrutaba pasar toda la noche bebiendo y divirtiéndose en los