Sus ojos estaban llenos de asombro, cada vez más abiertos, mientras hacía un sonido de admiración con los labios.
—Bella, realmente bella. Un rostro de ángel y un cuerpo de demonio. Con tales atributos, no es de extrañar que puedas seducir a Leandro. ¡No te hagas la desentendida! No puedes ocultar nada de mis ojos. Ustedes dos seguramente han tenido algo —dijo, insinuando que ya habían estado juntos.
—¡No te acerques! ¡No hagas locuras! ¡Lo que estás haciendo es un delito! —Luna gritó.
—¿Delito?