Luna extendió la mano para tomar el documento. El archivo estaba abajo, el certificado de divorcio encima, y lo recogió todo de una vez. Se esforzó por controlar sus emociones, evitando que temblaran demasiado, pero aún así, se sacudían como hojas secas al viento.
El papel era delgado y ligero, pero se sentía tan pesado. Al tener el certificado de divorcio en sus manos, la tristeza la invadió por completo. El color rojo del documento le atravesó la vista, provocándole un nudo en la garganta que