Luna se vistió con la velocidad más rápida. Luego, se lavó la cara repetidamente, deteniéndose solo después de tres o cuatro intentos. No se atrevía a perder tiempo en el baño y salió rápidamente.
Leandro ya estaba sentado en su escritorio, revisando documentos, luciendo serio. Su largo dedo índice sostenía su mentón, como si lo ocurrido hace un momento no hubiera pasado jamás.
Luna quería irse, pero Leandro la detuvo.
—¿Te he dado permiso para irte?
Ella se giró, mirándolo con inquietud. ¿Qué m