Teófilo finalmente miró con profundidad a Clara, sin voltear la cabeza, salió de Villa Hermosa.
Al mismo tiempo, en la desatendida planta de arriba,
Diego, con su figura imponente, se paró derecho junto a la barandilla. Sus manos, apoyadas en la barandilla, con las venas resaltando, se apretaban cada vez más.
Viendo la figura de Teófilo, el dolor tiraba con fuerza de su corazón, extendiéndose silenciosamente.
Justo después de salir, Eloy no pudo contenerse más y escupió con fuerza al suelo, ¡inc