Ella tampoco indagó sobre la razón, no quería imponerle ninguna presión psicológica.
—Simplemente no esperaba que fueran tan amables conmigo.
Delfina, con los ojos bastante llorosos como duraznos, apenas pudo articular ciertas palabras. —Sé que me tratan bien porque puedo identificar a Eduardo como testigo, pero aun así, gracias por respetarme.
El rostro de la joven, con rastros de lágrimas, y sus palabras fragmentadas hicieron que Clara y Alejandro sintieran una fuerte opresión en el pecho, com