En la casa del alfa de la Manada Garra de Sangre, la atmósfera era asfixiantemente tensa.
Diego se encontraba sentado sombríamente en el sofá, con sus dedos golpeteando continuamente el apoyabrazos en un ritmo frenético.
Tap. Tap. Tap.
El sonido resonaba por la habitación silenciosa como una cuenta regresiva hacia el desastre.
Ivy estaba acurrucada en la silla del rincón, con la cabeza casi tocando su pecho. Cada pocos segundos alzaba la vista hacia Diego con esperanza, solo para apartar rápidam