Las palabras de Diego me dejaron sin habla. En realidad, me divirtió su lógica tan descarada.
¿Cómo podía estar ahí arrodillado, la cara en alto después de haberme abandonado, y exigir que rompiera mi vínculo con Mateo? Su descaro era impresionante.
—Eres increíble —susurré, negando con la cabeza—. ¿Acaso te escuchas a ti mismo?
Los ojos de Diego brillaron con desesperación. —¡Valeria, te lo suplico! ¡Haré lo que sea!
Mateo, que había permanecido en silencio detrás de mí, finalmente llegó a su l