El lunes por la mañana en la Universidad de Elogsui tenía el color de un moretón. Entré en el aula de Arqueología Clásica con unas gafas de sol oscuras que ocultaban mis ojos cansados y una resaca que me martilleaba las sienes, cortesía de demasiados cócteles con Sira y una noche de llanto que juré que sería la última.
Me senté al fondo, evitando cualquier contacto visual. Cuando Keelen entró al aula, el aire pareció succionarse de la habitación. Vestía un traje negro impecable, pero su rostro.