La casa de los Novak se sentía inmensa y extrañamente fría sin el bullicio de mis padres. y mi madre habían salido de viaje hacia Atenas por un compromiso de negocios, dejándome sola con mis pensamientos y un dolor punzante en el vientre que me recordaba mi naturaleza cíclica. Me había pasado todo el día envuelta en una manta de lana, ovillada en el sofá de la biblioteca, ignorando las llamadas y los mensajes que hacían vibrar mi teléfono sobre la mesa de café.
No tenía fuerzas para enfrentarm