La medianoche en Elogsui trajo consigo un silencio sepulcral, solo roto por el viento que golpeaba las contraventanas de la mansión Novak. Keelen seguía allí, sentado al borde de mi cama después de haberme obligado a comer una sopa ligera. Sin embargo, el ambiente se había tensado por una tontería: un comentario mío sobre una fiesta de la facultad a la que Sira quería que fuera el próximo fin de semana.
—No vas a ir a esa fiesta, Eira. Es un nido de críos borrachos y Draco estará allí buscando