(NARRADO POR EIRA)
Me desperté con la sensación de que el aire en la suite había cambiado. Ya no olía solo a jazmín y a la pasión de la madrugada; ahora había un rastro metálico, frío, como el mármol de las ruinas bajo la lluvia. Me estiré, buscando el calor de Keelen, pero su lado de la cama estaba vacío y las sábanas se sentían frías.
Lo vi de pie frente al ventanal, ya vestido con su traje de profesor, impecable, con la espalda recta y la mirada perdida en el horizonte. No se giró al oírme