(NARRADO POR KEELEN)
La luz del sol en Delfos no pedía permiso; entraba por los ventanales con una claridad casi divina, iluminando las partículas de polvo que danzaban en el aire y la piel de seda de la mujer que dormía a mi lado. Me había despertado hacía una hora, pero no me había movido. Me resultaba imposible abandonar la contemplación de la espalda de Eira.
Pasé las yemas de mis dedos por su piel, siguiendo el rastro de las pequeñas marcas que la pasión de anoche había dejado. Eran como j