Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj del pasillo marcaba las tres de la mañana. El suelo de madera del apartamento estaba frío, pero no tanto como el vacío que sentía en el pecho. Estaba sentado allí, con la espalda apoyada contra la puerta cerrada de Eira, mis piernas estiradas frente a mí como dos troncos inútiles que empezaban a doler por la posición. No me importaba. Si ella







