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El atardecer pintaba de naranja los cristales del edificio Dreame. Rose salió por la entrada principal, con su bolso al hombro, despidiéndose de una de las diseñadoras que le agradecía por su apoyo en el evento. Caminó hacia el estacionamiento, donde había acordado que Dorian pasaría por ella. Ya no quedaban muchos empleados, y el silencio del lugar empezaba a envolverla.
Sacó su celular para ver la hora. Dorian no tardaría… pensó.
Pero entonces, una figura conocida apareció a pocos metros. Ros