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La sala principal aún conservaba vestigios del evento de la noche anterior: arreglos florales, muestras de joyería expuestas en vitrinas de cristal y pantallas que repetían el video promocional donde Rose era la imagen principal.
Clarisa entró sonriente, con una tablet en la mano y pasos veloces. Al ver a Rose revisando unos bocetos, no pudo evitar soltar:
—¡Estás oficialmente bendecida por los dioses del oro y el diamante! —gritó divertida, haciendo que Rose levantara la mirada con una carcaja