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Dorian, con los ojos afilados, tomó su mano y la condujo con decisión al interior del departamento médico.
—¡Señor! —exclamó la enfermera al verlos entrar.
El médico los recibió de nuevo, acomodándose las gafas con cierta incomodidad. Al ver a Dorian, su expresión se volvió severa.
—¿Es usted el novio de la señorita Hamilton? —preguntó, arqueando una ceja.
Dorian se mantuvo en silencio.
—No parece tener la edad para ser tan descarado. ¿Cómo ha podido tratarla así? ¿Está usted tomando drogas? An