.104.
Rose cubrió su boca con una mano. El dolor la atravesaba en cada palabra.
—No tenías derecho —sollozó—. ¡No tenías derecho a decidir por mí! Yo confiaba en ti, Dorian… ¡te creí!
Él apretó los puños, bajó la cabeza unos segundos y luego la levantó con determinación.
—Lo sé, Rose. Sé que estuvo mal. Lo supe desde el primer momento… pero no pude evitarlo. No quiero perderte. Y con un hijo… con un hijo sabía que tendrías un lazo conmigo que no podrías romper tan fácilmente.
—¡Eso no es amor! —gritó