Sabía que, durante esos tres meses, su espíritu me había visto en varias ocasiones con Mateo y que aquello lo había hecho sufrir. Cuando la confianza se rompe, reconstruirla es muy difícil.
Pero no me quedaba más remedio que apostar.
Por fortuna, gané.
Antes de que se fuera, también le conté que había conocido a Mateo después de su muerte y le pedí que investigara su pasado. Luego Adrián le ordenó a su asistente que me llevara a la residencia y fue personalmente a la pastelería. Allí había cámar