—¡Cállate! —grité, temblando.
Mateo sonrió y, sin comprender el peligro que corría, siguió hablando:
—Adrián, admito que Sofi y yo llevamos poco tiempo juntos y que nuestra relación no puede compararse con todos los años que ustedes compartieron desde niños. Si todavía hay algo que no sé de ella, espero que puedas ponerme al tanto.
—Adrián, no sé por qué el examen dice que estoy embarazada, pero tienes que creerme. Yo de verdad nunca…
Me acerqué con desesperación para explicarme, pero él retroce