Capítulo 8
—Te creo.

Aquellas dos palabras bastaron para que mis nervios, tensos hasta el límite, se relajaran al fin. Me apoyé en la pared, sin fuerzas y empapada en sudor.

Camila y Mateo comprendieron que ya no tenían salida. Aun así, intentaron justificarse, pero Adrián no se lo permitió.

—Abandónenlos en las montañas.

Mateo palideció, se lanzó hacia Adrián y cayó de rodillas ante él.

—Fue Camila quien me obligó. Ella me pidió que acusara a Sofía. ¡Yo no tuve nada que ver!

Camila chilló y trató de araña
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