—Te creo.
Aquellas dos palabras bastaron para que mis nervios, tensos hasta el límite, se relajaran al fin. Me apoyé en la pared, sin fuerzas y empapada en sudor.
Camila y Mateo comprendieron que ya no tenían salida. Aun así, intentaron justificarse, pero Adrián no se lo permitió.
—Abandónenlos en las montañas.
Mateo palideció, se lanzó hacia Adrián y cayó de rodillas ante él.
—Fue Camila quien me obligó. Ella me pidió que acusara a Sofía. ¡Yo no tuve nada que ver!
Camila chilló y trató de araña