Mundo ficciónIniciar sesiónTras su decimoctavo intento fallido de divorciarse, Gabriel Rosales dejó de hablar del tema de la noche a la mañana. Hasta entonces, cada intento había terminado en un escándalo. Me corté las muñecas, intenté arrojarme de un edificio y cubrí el vestíbulo de su empresa con fotos de él en la cama con su asistente, Miranda Nava. Durante una conferencia de prensa, le arranqué la ropa a Miranda delante de todos y le provoqué un trastorno de estrés postraumático. Debería haberme odiado. Regresaba puntualmente a casa, me entregaba el celular y me informaba de su ubicación cada hora. Incluso durante sus viajes de negocios, pasaba casi todo el día en videollamada conmigo. Aun así, yo no lograba sentirme tranquila. Todos los días lo acosaba con la misma pregunta: ¿por qué ya no quería divorciarse? Él siempre evadía la respuesta: —¿No lo estoy haciendo lo suficientemente bien? Sí. Demasiado bien. Tanto que no parecía real. Un día, por fin, me dio la verdadera razón: —Estás completamente fuera de control. No me atrevo a correr ese riesgo ni puedo permitírmelo. Recibí una llamada de mi yo de dentro de diez años. Me dijo que me arrepentiría si me divorciaba de ti.
Leer másFruncí el ceño al mirar al hombre que tenía delante.No quedaba en él ni rastro del empresario implacable y decidido que había dominado el mercado años atrás.Ahora, Gabriel parecía consumido por el alcohol.Retrocedí para mantener la distancia.—Señor Rosales, ¿necesita algo más?—Quédate, por favor. ¡Vuelve conmigo! Sé que me equivoqué. ¡De verdad lo sé! Te daré todo lo que me queda, pero quédate.Las personas que nos rodeaban empezaron a observarnos y a murmurar. Muchos de ellos habían entrado en el Grupo Rosales después de mi partida.No me reconocían ni conocían los detalles de mi pasado con Gabriel.Mi paciencia empezó a agotarse.—Apártate. Entre nosotros solo quedan asuntos de trabajo. Si quieres hablar de eso, te escucharé. Todo lo demás está de más.—¡No pienso apartarme!Se interpuso obstinadamente en mi camino.—¿Todavía me culpas? Puedes golpearme, insultarme, hacerme lo que quieras, pero no vuelvas a abandonarme.En ese momento llegó Miranda. Estaba embarazada de nuevo.A
Desde que regresó de Solaria, Gabriel no había dejado de pensar en aquella llamada.Quería volver a hablar con su yo del futuro.Si de verdad había hablado con él, necesitaba saber cuál sería la verdadera causa de su arrepentimiento: que Carolina incendiara la casa con Miranda dentro o que él perdiera a Carolina.No encontraba la respuesta.Cuando volvió a casa, encontró habitaciones frías y vacías.Recordaba que Carolina cocinaba sus platos favoritos, le preparaba el desayuno todas las mañanas, le llevaba café cuando trabajaba hasta la madrugada y celebraba con él cada vez que conseguía un proyecto importante.Aquella casa estaba llena de recuerdos de ambos.Sin embargo, cuando ella aún vivía allí, él solo pensaba que era una molestia.Ahora que se había ido, su ausencia le pesaba cada día más.Se refugió en el trabajo para no pensar en ella, pero no podía sacarse a Carolina de la cabeza.Después empezó a beber.Con frecuencia acababa ebrio, recorriendo la casa mientras murmuraba el n
Cuando regresé a casa, papá ya sabía que Gabriel había ido a buscarme.Tenía el ceño fruncido; rara vez lo había visto tan enojado.—Me dijeron que Gabriel se atrevió a sujetarte por la fuerza.Sonreí y negué con la cabeza.—No fue tan grave. Solo vino a hablar del acuerdo de divorcio. Además, el guardaespaldas ya lo echó. Vamos, no te enojes.La aparición de Gabriel no fue más que un pequeño incidente.Para impedir que volviera a encontrarnos, papá y yo incluso nos mudamos. El proceso judicial siguió su curso y, unos meses después, se dictó la sentencia de divorcio.Seguí tomando el sol y paseando por la playa. Poco a poco, mi trastorno de estrés postraumático empezó a remitir.Llegó un momento en que pude hablar de mamá sin derrumbarme.La salud de papá también mejoró. Tras varias revisiones, no volvió a presentar señales de que el cáncer hubiera reaparecido.Sin embargo, decidió ir apartándose de las empresas y prácticamente me obligó a involucrarme en la gestión de sus negocios.Al
Tras unos segundos de desconcierto, me levanté para marcharme.Gabriel me sujetó del brazo e intentó atraerme hacia él. Forcejeé hasta conseguir liberarme.—Lo nuestro terminó. ¿Qué demonios quieres?Sacó una copia de nuestro acuerdo de divorcio y volvió a hacerla pedazos delante de mí.—Todavía no hay una sentencia de divorcio. Seguimos casados.Lo miré con rechazo.—Puedes romper todos los documentos que quieras. Si sigues negándote, solicitaré el divorcio por la vía judicial. No necesito tu consentimiento.Retrocedí.—¿Qué quieres de mí?Dio un paso al frente e intentó tocarme otra vez, pero yo me aparté bruscamente.Dejó la mano suspendida un instante y luego la bajó.—Vine a preguntarte si fuiste tú quien organizó aquella llamada.Solté una risa.—¿De verdad sigue siendo tan importante?—¡Sí!Sus ojos estaban llenos de ansiedad e impaciencia.—¡Necesito saberlo!Negué con la cabeza.—No fui yo. Pero puedes estar tranquilo: no voy a quemar viva a Miranda.—Entonces, ¿por qué mentis
Último capítulo