—¡40 millones!
De repente, la sala de subastas quedó en completo silencio. El que había hecho la oferta era Mateo, quien giró la cabeza para desafiar a Pedro y a Mariana con una sonrisa sarcástica. Estaba decidido a obtener el valioso tesoro de la familia Ortiz.
Pedro, viendo la actitud provocadora de Mateo, le echó un ligero vistazo a Mariana y, tras recibir su señal, dijo:
—¡45 millones!
—¡50 millones! —Mateo apresurado levantó la paleta de nuevo.
La subasta se había convertido en un feroz ca