Como era la función de medianoche, el baño estaba casi vacío. Valentina abrió apresurada varias puertas, pero todas estaban desocupadas.
Lo que no sabía era que Mariana se encontraba en una cabina al otro lado de la pared. Justo cuando Mariana iba a responder, Mateo le cubrió la boca con fuerza, impidiéndole emitir sonido alguno.
A pesar de sus desesperados intentos por zafarse, Mariana no lograba apartar las manos de él, que parecían adherirse con firmeza a su boca.
El espacio en la cabina era