La voz, en un tono neutro, con una inflexión ligeramente grave, estaba impregnada de esa calma que le era tan familiar.
¡La cabeza de Miranda pareció estallar!
¿Cómo era posible?
¿Qué hacía él aquí?
Como para confirmarle que no desvariaba, Guillermo volvió a tocar.
—O abres, o llamo a alguien.
—¡No! —reaccionó Miranda al instante para detenerlo.
En ese preciso instante, Estela terció desde afuera, gritando hacia el interior del baño de hombres:
—¡Miranda, ya puedes salir! ¡Tu esposo ya despejó