—¿Te duele el estómago? —Estela miró a su alrededor y señaló en una dirección—. Allá hay un baño.
A Miranda le empezó a sudar la frente mientras caminaba rápidamente y con dificultad hacia el baño indicado.
Llevaba unos tacones altísimos, y aquel tramo recorrido a toda prisa le había dejado los talones ardiendo y entumecidos.
Al entrar al baño, se le nubló la vista por un momento.
Estela, que la había seguido, exclamó en voz baja:
—¡Cuánta gente!
Había al menos siete u ocho personas en la fila.