Ok.
Ya no hacía falta que ella interviniera.
No muy lejos, Ernesto y la actriz de medio pelo salían del elevador pegados como siameses. Ambos llevaban ropa distinta a la que traían por la mañana.
Miranda no era ninguna virgen ingenua; al ver su actitud, supo que probablemente habían tenido un encuentro íntimo antes de salir.
En realidad, Estela no era fea, pero su gusto era pésimo: cualquier artículo de lujo que se ponía parecía una imitación barata comprada en línea. Si a eso se sumaba su actu