Louis
El día se levanta, bañando la habitación con una luz suave y dorada. A mi lado, Camille duerme plácidamente, su rostro relajado, casi inocente. Sin embargo, mientras la miro, no siento lo que debería sentir después de una noche de amor: la satisfacción, la tranquilidad. No, lo único que siento es un inmenso vacío.
Y ese vacío tiene un nombre: Anna.
Suspiré, recordando su mirada esquiva, su cuerpo frágil que, a pesar de ella, despertaba en mí deseos contradictorios. ¿Por qué demonios es su rostro el que veo cuando cierro los ojos? ¿Por qué tengo la sensación de haber traicionado algo más grande que yo esta noche, cuando se suponía que debía encontrar la paz en los brazos de mi prometida?
Me levanto suavemente, vistiéndome en silencio. Camille apenas se mueve, inconsciente del caos que se desata en mi mente. Mi reflejo en el espejo me devuelve la imagen de un hombre que lo tiene todo, pero que se siente vacío. No es Camille quien me atormenta... es esa chica a la que nunca debí mi