Luis
La noche se alarga, dulce y melancólica, pero mi mente sigue prisionera de Anna. Sus sombras aún se arrastran en mis pensamientos, rasguñan mis paredes interiores como un rumor que se niega a morir. La música continúa de fondo, lejana, incapaz de apaciguar la fiebre confusa que me consume.
Luego, de repente, una vibración. Mi teléfono se enciende. Un mensaje.
« Tengo ganas de verte esta noche »
Camila.
Una sonrisa se escapa de mis labios. Una calidez me invade. Ella está aquí, promesa de l