Anna
Sigo aquí, en medio de este ruido ensordecedor, de las risas, de las máquinas que hacen clic, de los vasos que se chocan. El casino es un verdadero universo paralelo, donde la gente viene a perderse en el estruendo de los juegos, pero yo no puedo concentrarme en las luces brillantes o en las fichas que se apilan. Mis pensamientos están en otra parte, en él. En Louis.
Las mesas de ruleta giran, los dados saltan sobre la alfombra, pero nada de eso me afecta. Todo parece borroso a mi alrededor. Me siento como una espectadora en este mundo de luz y lujo, un mundo en el que no encuentro mi lugar. Mis ojos se quedan fijos en una mesa en particular, una mesa donde me había visto por primera vez. Donde me había observado, analizado, como una presa que tenía la intención de devorar.
Aprieto los puños bajo la mesa, tratando de rechazar la ola de pensamientos que me abruma. Cada ruido me parece ahora insoportable, como si todo sucediera a una velocidad acelerada. ¿Por qué sigo aquí, en este